Una vez más... Las Fallas |
El año pasado, en este mismo rincón, nos atrevimos a hacer un paralelismo entre la Bolsa y Las Fallas. ¡Qué osadía! dirán algunos. ¿Qué tiene que ver? dirán otros. ¡Qué sorpresa! dijeron muchos. La osadía, la extrañeza, la sorpresa, y un sinfín de reacciones diversas, se justifican ampliamente por el simple hecho de que el hilo conductor de todo lo que vivimos es el ser humano. De la Bolsa y de Las Fallas, también. ¿Quién construye-compra-destruye-vende sino?.
Una de las grandes lecciones de Las Fallas deberían aplicársela muchos inversores. Una falla es un proyecto. Invertir en Bolsa también debe serlo.
No nos parece necesario "gastar mucha tinta" para describir la organización y el conjunto de múltiples tareas que se realizan para crear, construir e instalar una Falla. Lo hacemos además, sabiendo que la culminación del proyecto fallero anual llega cuando el mismo se quema y "desaparece". En las llamas y en el fuego están sin embargo escritas las características de la nueva Falla que vamos a hacer para el año que viene, que será mejor y más bonita.
En la Bolsa ocurre lo mismo. Se hace un proyecto de inversión, para el que hay que preparar todos los detalles y recurrir a especialistas cuando no se tienen los conocimientos adecuados. También hay que fijarse unos objetivos, en este caso de rentabilidad, y cuando se han alcanzado, hay que "quemar" la cartera de valores para crear otra, es decir otro proyecto de inversión con otros objetivos, teniendo en cuenta las modificaciones del entorno económico.
Reflexionar sobre estos aspectos es cada vez más necesario, dado el auge que la Bolsa está teniendo y la importancia que tiene el buen uso de nuestros ahorros. Seamos actores, y no sólo espectadores de "nuestra falla bursátil". Trabajamos para, entre otras cosas, ganar dinero. ¡Hagamos trabajar correctamente nuestro dinero también!.
Estar en Bolsa, como en Fallas, es un eterno volver a empezar. Como la vida.