Arbitraje y especulación |
Tanto el arbitraje como la especulación son operaciones de compra/venta que se realizan con el fin de obtener una plusvalía a corto plazo, independientemente de la empresa en la que se está invirtiendo. Por eso, arbitrajistas y especuladores no están muy bien vistos por la mayoría de los inversores, aunque éstos últimos estarían dispuestos a practicarlo si dispusieran de la información necesaria.
El arbitraje se produce cuando un valor se negocia en varios mercados y, por circunstancias de carácter local, se produce una diferencia de precios. El arbitrajista compra entonces donde está más barato y vende donde se cotiza más caro, obteniendo con ello un beneficio. Aunque a primera vista sólo se ve el lucro del arbitrajista, y de ahí su "mala fama", lo cierto es que es útil para el mercado porque ayuda a que los precios se compensen: si donde se encuentra más barato entran más órdenes de compra, el precio subirá. Y, si donde resulta más caro, se venden más acciones, el precio bajará.
Un ejemplo claro de arbitraje es el que se producía en España antes de la puesta en marcha del Mercado Continuo en 1989. Hasta ese momento en cada una de las bolsas españolas se desarrollaban cuatro sesiones paralelas en las que se negociaban muchos valores en común. Por ello, había quien compraba en Bilbao y vendía en Valencia, por ejemplo, un mismo valor, en el mismo día, obteniendo con ello una plusvalía. Ahora, dentro de España, quedan pocos valores que se coticen en más de un mercado (la mayoría se negocian en el Mercado Continuo, donde existe un único precio para cada valor en cada momento). Pero hay valores españoles que se negocian en Nueva York, en Londres o en Tokio y se pueden producir situaciones de desfase de las que "se aprovechan" los arbitrajistas.
Los especuladores también son "oportunistas" puesto que compran con la idea de vender a muy corto plazo y obtener una plusvalía. El ajuste, en este caso, se produce en el tiempo. Últimamente, con motivo de la "crisis asiática", les hemos visto actuar, entrando y saliendo del mercado, aprovechándose de que los precios habían bajado y vendiendo cuando los precios subían. Como en el caso del arbitraje, también resultan útiles puesto que hacen que el mercado recupere con mayor velocidad su equilibrio.
En cualquier caso, una cosa es aprovecharse de la situación, por todos conocida, y otra es utilizar información privilegiada. En ese caso, se trata de un delito y debemos denunciarlo.
Arbitrajistas y especuladores son también inversores, aunque sus operaciones de compra/venta se realizan a muy corto plazo y, como hemos visto, desempeñan un papel importante en los mercados. Para poder realizar estas operaciones es necesario estar muy bien informado y pendiente de los mercados, razón por la que, en general, la mayoría de los pequeños inversores, que destinan una parte de su ahorro a la Bolsa, realizan inversiones a largo plazo y no suelen actuar como arbitrajistas y especuladores.
En todo caso, no está de más recordar que la inversión en Bolsa reporta a los accionistas beneficios a través de tres vías: dividendos, derecho preferente en ampliaciones de capital y plusvalías. Los obligacionistas, a su vez, además de poder obtener rentabilidad a través de los intereses, pueden ganar dinero liquidando sus valores y obteniendo una plusvalía.