Jerga Bursátil (IV): la interpretación del mercado

Probablemente haya oído usted hablar de los "gurús" bursátiles, es decir, de unos personajes que "adivinan" el futuro comportamiento de las cotizaciones y, por tanto, cuando abren la boca, los mercados tiemblan.

Nos referimos a los gurús como personajes porque tienen algo de mítico: George Soros, por ejemplo, compró el 10% de una compañía minera y el precio del oro se disparó en los mercados de futuros, con la consiguiente alegría de aquellos inversores que en ese momento tenían capital invertido en ese mercado.

Es un hecho y no se puede negar: existe el factor psicológico en los mercados y eso es así porque los inversores son personas.

Los mercados son instrumentos para que los bienes o valores se puedan comprar y vender. El mecanismo que rige la formación de los precios, en cualquier mercado, es el equilibrio entre la oferta y la demanda. Por tanto, cualquier factor que influya en ese equilibrio, de cualquier tipo, tiene una gran importancia y no debe perderse de vista.

En el desarrollo de las cotizaciones bursátiles normalmente influyen también otros factores: los resultados de las empresas, los tipos de interés, la publicación de noticias relacionadas con las empresas (resultados semestrales, ampliaciones de capital, pagos de dividendos, OPAs...), la visión general del mercado y las perspectivas de futuro de la economía, el comportamiento de las bolsas extranjeras, los mercados de divisas...

Es verdad que son muchos los parámetros que influyen, en mayor o menor medida, en el desarrollo diario de las cotizaciones, por ello, la opinión de un "experto", ser humano al fin y al cabo, no puede valorarse más allá de lo que es, una opinión. Lo que ocurre es que, cuando un experto o "gurú" acierta varias veces, se piensa que va a acertar siempre.

En todo caso, leyendo cualquier día la prensa económica, podemos encontrarnos abundante terminología específica que se usa para describir el mercado y del desarrollo de las cotizaciones.

Por ejemplo, se utiliza el término "boom", de origen inglés, cuando la Bolsa sube mucho (tanto en volúmenes como en cotizaciones). Esta palabra la hemos escuchado muy a menudo entre enero y junio de este año, que, de hecho, ha sido un período muy positivo para los inversores que entraron en el momento preciso y acumularon fuertes "plusvalías". Pero, además, también habremos oído esta palabra en referencia a otros contextos muy distintos, como el "boom demográfico".

Un "crack" bursátil es todo lo contrario. El término, también de origen inglés, nació el "jueves negro" de 1929 en Nueva York y, desde entonces, se han denominado así las situaciones en las que los precios han caído de una forma generalizada y brusca. En todo caso, tanto en el "boom" como en el "crack" hay que tener en cuenta que en el Mercado Continuo, principal mercado bursátil, que interconecta las cuatro bolsas españolas, la normativa sólo permite una variación del 15% diario en el precio de cada valor. Si esta diferencia se supera, automáticamente el valor queda suspendido de cotización durante ese día.

Otra manera de calificar las rebajas es el "goteo" aunque en este caso se refiere a una situación bajista que se produce poco a poco. Se trata también de una situación generalizada, pero las bajadas regulares se pueden considerar puntualmente sin sentido.

Otra situación que describen los periodistas económicos son los "dientes de sierra", es decir, continuos altibajos que, sobre el gráfico, hacen que las cotizaciones de los valores se parezcan a la hoja dentada de una sierra.

La "realización de plusvalías", una expresión que gusta mucho a los expertos para explicar los llamados "ajustes técnicos" y se refiere a que, tras un periodo alcista, los inversores deciden materializar estas subidas en el precio y ganar la diferencia entre lo invertido en su momento y lo que se obtiene de la venta. Esa diferencia se llama plusvalía.