Jerga Bursátil (III): "Delincuencia Financiera"

Continuando con la serie de artículos que estamos dedicando a la terminología bursátil, hoy vamos a centrarnos en aquellas palabras relacionadas con los delincuentes de "cuello blanco" y, por supuesto, la protección del inversor ante los "peligros" que le pueden acechar: "tiburón", "chiringuitos", "insider trading".

La Bolsa es un mercado en el que cualquier ciudadano puede comprar y vender acciones de las empresas que cotizan en él. La Bolsa es una de las alternativas de las que disponemos para rentabilizar nuestro dinero. Desde el calcetín o colchón hasta una cuenta de ahorro o un depósito a plazo fijo, las posibilidades son múltiples. El dinero que invertimos en la Bolsa puede provenir de un importante premio de juego o de una suculenta e inesperada herencia pero, lo habitual, es que lo hayamos ahorrado, administrando nuestro salario.

Por eso, porque el dinero cuesta mucho de ganar, la inversión no puede ser un juego. Por eso la Bolsa exige a las empresas que cotizan que cumplan con unos requisitos mínimos y que faciliten información periódicamente. También la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) tiene un papel muy importante en la supervisión del mercado puesto que es la entidad encargada de supervisar el entorno bursátil y las instituciones que intervienen en él, velar por la transparencia del mercado y la protección del inversor, inspeccionar los mercados y sancionar cuando lo crea oportuno. A pesar de esta potestad sancionadora de la Comisión, y a pesar de todos los cuidados, es muy difícil luchar contra lo que se denomina "chiringuitos financieros", por lo mismo que resulta tan difícil erradicar a los curanderos.

Estos "chiringuitos financieros" dicen ofrecer unos productos financieros para rentabilizar sus ahorros y que, realmente, lo que hacen es engañar y quedarse con el dinero de las víctimas. Se trata de un engaño fácil de detectar puesto que, a pesar de lo que pueda parecer, no están inscritos en el Registro de la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Por ello, basta una consulta telefónica para confirmar la legalidad o ilegalidad de la empresa y, por tanto, de los productos que ofrece.

Recientemente la Comisión Nacional del Mercado de Valores ha publicado un "Decálogo del Inversor", que puede resultar muy útil para los inversores inexpertos, a la hora de despertar su desconfianza. Sin embargo, la única medida segura es confirmar la inscripción en el registro de la Comisión de la Entidad que dice operar en el mercado. El teléfono de atención al público de la Comisión es el (91) 585 1500.

Otro de los caballos de batalla de la Comisión Nacional del Mercado de Valores es el uso de "información privilegiada" o "insider trading" (lo mismo, pero en inglés) que está perseguido y penado por la Ley, pero que necesita probarse, como cualquier otro delito. En cualquier caso se considera que ha existido uso de información privilegiada cuando esa información se conoce con antelación o al margen del mercado y, por tanto, se puede actuar antes que la mayoría de los inversores, adelantándose a los movimientos del mercado.

La información con respecto a las empresas cotizadas debe seguir un cauce establecido por la Ley, que consiste en colocar a la Bolsa de Valores como intermediario. La Bolsa recibe la información y la transmite a través de los instrumentos adecuados como el Boletín de Cotización Oficial, en el caso de anuncios o comunicaciones de Hechos Relevantes o, simplemente poniéndolos a disposición del público, el caso de las memorias anuales y los "folletos" informativos, que no son otra cosa que las publicaciones que deben facilitar las empresas con toda la información, relativa a operaciones financieras que la empresa vaya a realizar como, por ejemplo, emitir nuevos títulos, de manera que los inversores dispongan de toda la información necesaria para tomar una decisión al respecto.

Finalmente, otro de los términos curiosos, relacionados con la Bolsa y la protección del Inversor, es el de "tiburón", personaje dedicado a la especulación, que hace uso de información privilegiada y se enriquece a costa de los incautos que han depositado sus ahorros en la Bolsa. Los "tiburones" han protagonizado numerosas películas, en las que nos muestran lo fácil que es hacerse con el control de una empresa y lo sencillo que resulta manipular los precios y enriquecerse a costa del mercado. Es evidente, por tanto, que se trata de personajes "ficticios" puesto que la normativa controla cualquier transacción que suponga una participación significativa en la empresa y exige la presentación de una Oferta Pública, a la que pueden acudir todos los accionistas, para realizar una operación de gran envergadura, como la necesaria para hacerse con el control de una empresa.