Cómo leer los balances de las Empresas cotizadas

Las decisiones de inversión pueden, y creemos que deben, basarse en la información de que dispone el inversor. Como ya hemos explicado en otros artículos, la entidad emisora que cotiza en Bolsa debe cumplir con unos requisitos de información periódica (balances trimestrales y semestrales, memorias anuales y auditoría de cuentas), además, por supuesto, de informar sobre cualquier Hecho Relevante que le afecte.

Pues bien, la Bolsa de Valores pone a disposición de los inversores la información que recibe de las empresas, e incluso edita un libro (cuya recepción es gratuita para los suscriptores de nuestro Boletín de Cotización Oficial) que recopila todas las informaciones trimestrales y semestrales recibidas.

Esta información resulta sumamente útil para el inversor, que puede estudiar la evolución de la o las empresas que le interesen. Sin embargo, lo cierto es que la contabilidad es una cuestión que sólo aquellos que se dedican profesionalmente a ella manejan con soltura. Por eso, hemos pensado que sería de su interés recibir unas lecciones prácticas y básicas sobre cómo leer los balances de las empresas que cotizan en la Bolsa.

En primer lugar, hay que saber que el Balance refleja la situación de la empresa en un momento concreto, es decir, lo que tiene (y lo que le deben) y lo que debe. Por eso, el balance se divide en Activo (bienes y derechos) y Pasivo (obligaciones). Y dentro de cada uno de estos grupos, los apartados se ordenan tomando la liquidez como parámetro.

El balance, como decíamos, se refiere a un momento en concreto, por eso, la información se completa con la Cuenta de Resultados, que es el resumen de los ingresos y los gastos durante un período. Es decir, el resultado (de la Cuenta de Resultados) coincidirá, al cierre del ejercicio, con el apartado de "Resultado del período" del Pasivo del Balance de situación.

En la Cuenta de Resultados los datos se ordenan según la procedencia de los ingresos y los gastos (de actividad ordinaria de la empresa, financieros, extraordinarios). Como los ingresos se confrontan con los gastos, obtenemos tres resultados (el de explotación, el financiero y el extraordinario). Es interesante saber dónde gana y dónde pierde una empresa, porque, por ejemplo, el resultado financiero, en el caso de una empresa industrial, no tiene por qué destacar sobre el de explotación u ordinario.

Además, los informes de las entidades emisoras se completan con otros apartados informativos, como el de la "Evolución de los negocios", que nos explica, de una forma más clara, cuál ha sido el desarrollo de la Cuenta de Resultados. También podemos encontrar información interesante en el apartado de "Hechos significativos".

Las conclusiones que saquemos del análisis de las cuentas podemos compararlas de un ejercicio a otro, calcular el índice de solvencia o de liquidez de la empresa o realizar sencillos cálculos, como el PER (Price Earning Rate), que es el resultado del cociente entre el valor de mercado de las acciones de una empresa (capitalización) y el beneficio neto obtenido por la misma, de manera que el resultado de la operación nos indica el número de veces que el beneficio por acción está contenido en el precio de cada una de las acciones.

Esta información contable que nos proporciona la empresa resulta sumamente útil para tomar las decisiones de inversión. De hecho, el Análisis Fundamental, una de las técnicas de análisis más utilizadas, se basa en el estudio de la empresa y de su sector.