La Jerga Bursátil (II): "El Mercado Tradicional"

Como prometimos, en otros "Rincones del Inversor" iremos publicando un pequeño diccionario de la jerga bursátil, agrupándola según los términos tengan una relación con el mercado tradicional, con sistemas de análisis, con nuevos productos financieros, con mercados extranjeros... Hoy, en concreto, vamos a detenernos en el mercado tradicional o parqué, donde se han originado la mayoría de los términos, muchos de los cuales se siguen utilizando en el Mercado Continuo, desde su creación, en 1989.

En primer lugar, el término "Parqué" se refiere al espacio físico donde se reúnen los intermediarios para poner en común las diversas órdenes recibidas de los inversores y llevar a cabo las operaciones. En realidad, el origen de la palabra es tan sencillo como que el suelo de esta Sala de Contratación esté forrado, tradicionalmente, con madera. Esta palabra viene del francés y, por eso, podemos encontrarla escrita con una "t" final, sin embargo, la forma correcta y admitida por la Real Academia Española es "parqué"

Hasta julio de 1989, todas las operaciones que se realizaban en la Bolsa española se realizaban en el parqué, de manera que era necesario organizar la "Sesión" en "Corros". La "Sesión" o "Jornada" bursátil se iniciaba sobre las 10 de la mañana y se alargaba hasta aproximadamente las 12 del mediodía. En ese tiempo la negociación se producía de forma ordenada, agrupando los valores en "Corros" (los valores más líquidos constituían por sí mismos un corro, mientras otros valores menos líquidos se agrupaban por sectores). Una vez concluía la negociación de un corro se dejaba oir una campana que indicaba que se cerraba ese corro y se abría otro. Actualmente ha quedado la expresión "Mercado de Corros" como equivalente a "Parqué" y también se utiliza la palabra "Corro" para referirse a un grupo de valores (por ejemplo, el corro de Pagarés de la Generalitat).

El mercado tradicional también era denominado "mercado a viva voz" porque los intermediarios debían hacerse oír en medio del bullicio, haciendo que subiera el volumen general de la Sala, al que también se sumaban los gritos de los barandilleros.

En torno a las barandillas que protegían el Parqué de los curiosos, los "barandilleros" eran inversores individuales que trataban de obtener una posición privilegiada que les permitiera dejarse oír por los intermediarios para poder dar una orden de compra o de venta en el momento. La vistosidad que le otorgaban estos personajes al Parqué es fácilmente comprensible si se tiene en cuenta que una vez cerrada la sesión, hasta el día siguiente no podía cruzarse ninguna operación.

Sin embargo, entender a los intermediarios no era fácil, porque, por ejemplo, no hablaban de comprar y vender sino de "dar" y "tomar". Tomar 500 "Matildes" era comprar 500 acciones de Telefónica. Además, con respecto al precio, no se ponían de acuerdo en pesetas sino en "enteros" o "puntos" que necesitaban, para su cálculo, la referencia del precio nominal de la acción. Por ejemplo, siguiendo con Telefónica, que tiene un nominal de 500 pesetas, si se negociaba a 600%, valía a 3.000 pesetas y si subía cinco enteros es que había ganado 25 pesetas. También, con respecto al nominal de la acción, se hablaba de que un precio estaba "a la par", "sobre la par" o "bajo par", es decir, al mismo precio que el nominal, por encima o por debajo.

Finalmente, cuando los operadores introducían en el mercado una orden de compra o de venta que no encontraba contrapartida, establecían una posición de "dinero" o de "papel". Es decir, si las acciones de la empresa "H" cerraban con dinero, es que había una orden de compra que había quedado sin negociar (dinero comprador); si cerraban con papel, es que no había en ese momento nadie dispuesto a comprar (papel vendedor). Lógicamente, en función de la postura de cierre se podía intuir que a una posición de dinero le seguiría una elevación en el precio, mientras que a una posición de papel le seguiría una rebaja.