La salida a Bolsa de Adolfo Domínguez

El acontecimiento bursátil más espectacular del primer trimestre del año 1.997 es sin lugar a dudas la salida a Bolsa de Adolfo Domínguez. En primer lugar porque se trata del "estreno" bursátil de una empresa de alto diseño y confección, sector hasta ahora ausente en nuestro mercado. En segundo lugar, porque la demanda de acciones ha superado en 182 veces la oferta, es decir que los inversores estaban dispuestos a comprar el capital que ofrecía Adolfo Domínguez multiplicado por 182. En tercer lugar porque el precio de colocación en el mercado primario fue de 3.007 pesetas para los inversores minoristas (3.100 pesetas para los institucionales), y que las primeras negociaciones se realizaron a 7.000 pesetas en el Mercado Continuo, aunque en el momento de escribir estas líneas el precio esté en 4.750 pesetas.

En función de lo anteriormente expuesto podemos imaginar los efectos que este acontecimiento bursátil ha producido, desde la especulación realizada por algunos, hasta el desconcierto vivido por muchos otros, pasando por los comentarios de algunos medios de comunicación, que han llegado a culpabilizar a la Bolsa de las "pérdidas" que han tenido muchos inversores. Somos tan diferentes en este país (como indica nuestra archiconocida publicidad turística) que llegamos a presentar los éxitos como catástrofes. Seamos serios y consecuentes. Nadie esperaba la avalancha de compradores que solicitaron acciones de Adolfo Domínguez en el mercado primario, y casi nadie pensó que el primer día de negociación en Bolsa hubiera compradores a 7.000 pesetas (¡un 132,79% más que el precio de colocación!). La reacción fue automática: la avalancha compradora constatada en la colocación del primer mercado se convirtió en fiebre vendedora el primer día de cotización en Bolsa, llegando a saturar los mecanismos del sistema informático que gestiona el tratamiento de las órdenes de compra-venta cursadas por los inversores. En este contexto nos encontramos ante situaciones muy diversas, que son clásicas en el mercado bursátil. Los inversores a medio-largo plazo que han adquirido las acciones para acompañar la evolución empresarial de Adolfo Domínguez, los que no han podido comprar todo lo que querían, los que han comprado más caro de lo que esperaban, los que han vendido más barato que otros, los que no han vendido todo lo que querían al precio que deseaban... etc....etc. Lo que se puede afirmar es que haya habido compradores a 7.000 pesetas que esperaban una subida y se hayan llevado una muy desagradable sorpresa

por la bajada. Lo que se puede afirmar es que la avalancha de órdenes, con el consiguiente "atasco técnico", haya dado lugar a ciertos retrasos cuyo impacto en las previsiones de los inversores haya sido "negativo". Lo que hay que saber es que el inversor tiene pleno derecho a exponer y demostrar que no se le ha tratado correctamente, dirigiéndose en primer lugar al intermediario financiero que le ha atendido. Lo que no se puede afirmar es que comprando una acción a 3.007 pesetas se pierde dinero cuando se puede vender a 4.750; se gana menos que el que ha podido vender a 6.000 o a 7.000, pero no se pierde.

El martes 18 de Marzo, primer día de cotización en Bolsa de Adolfo Domínguez se negociaron 1,7 millones de acciones, lo que representa casi tres cuartas partes del tramo asignado a los particulares, lo que indica que un 75% de inversores de este tramo han realizado beneficios. Ello no es óbice para reflexionar sobre lo ocurrido y mejorar, si es posible, los mecanismos que han podido hacerse sentir discriminados a una parte de inversores. Tampoco lo es reconocer que, desde el punto de vista empresarial, la salida a Bolsa de Adolfo Domínguez ha sido simplemente un rotundo éxito.