Los Fondos de Inversión (II) |
Como se adelantó en este rincón la semana pasada, no ha sido casualidad la buena acogida que los fondos de inversión han tenido desde su aparición, y el hecho de que sean un producto de inversión colectiva preferido por los españoles. La disminución de rentabilidad en los instrumentos tradicionales de inversión, ha favorecido la aparición y desarrollo de nuevos que satisfagan los objetivos que todos tenemos en cuanto a nuestro dinero, esto es, mayor rentabilidad a menor riesgo. Siguiendo con esto, el que los fondos de inversión otorguen seguridad, buena rentabilidad y liquidez, facilita de diversificación, incluyan ventajas fiscales, mayor información y una gestión profesionalizada, da la oportunidad a cualquier persona de llevar a cabo buenas inversiones.
Por lo tanto, y dado que la mejor forma de sacarle mayores rendimientos a su dinero es conocer dónde lo invierte, en los próximos artículos describiremos las distintas "familias" de fondos que actualmente nos podemos encontrar en el mercado y, de este modo, dar en el blanco en cuanto a la inversión que más se adapte a sus necesidades.
Partiendo de esta idea, antes de suscribir (es decir), adquirir) un fondo de inversión una de las primeras cuestiones que se plantean es la siguiente: ¿Cuál es el fondo que más me conviene?
La respuesta que centra este artículo no es única ni genérica y dependerá de varios aspectos, esto es, dependerá del nivel de riesgo que esté dispuesto a asumir el inversor, dependerá también de su grado de liquidez, es decir, si la necesidad de disponer de esa inversión es a corto o a largo plazo, etc.
En nuestro país, la práctica totalidad de los fondos de inversión existentes son de capitalización (o acumulación), lo que implica que todos los beneficios obtenidos con la cartera del fondo se reinvierten en el mismo, lo que permite aumentar el valor del patrimonio del fondo y, por ende, el de las participaciones que tenemos invertidas en ese fondo. Partiendo de este concepto, podemos distinguir dos grandes grupos: por un lado están los fondos de dinero, también denominados fondos de inversión en activos del mercado monetario (FIAMM) y los fondos de inversión mobiliaria (FIM); por otra parte, encontraríamos un segundo grupo formado por las instituciones de inversión colectiva de carácter no financiero, entre las que cabría destacar los fondos de inversión inmobiliaria (FII).
Los FIAMM están considerados los fondos más conservadores y pensados para inversores con aversión al riesgo, que desean invertir su cartera a corto plazo y en activos de elevada liquidez. En la paleta de opciones en la que invierten los FIAMM están los activos financieros a corto plazo del mercado monetario, tales como son Letras del Tesoro, operaciones con pacto de recompra (repos) y pagarés de empresa y, además, gracias a la gran liquidez, la mayoría de estos fondos ofrecen al partícipe un talonario para poder realizar los reembolsos a través de cheques. Dentro de los FIAMM también podemos encontrar la modalidad de los FondTesoros, que se caracterizan porque la mayoría de su patrimonio está invertido en activos con garantía del Estado (deuda pública).
Por lo tanto, este tipo de fondos permite disminuir el riesgo de nuestra inversión a cambio de rentabilidades interesantes, pero no hay que olvidar la regla financiera (que casi siempre se cumple) de, "a mayor riesgo, mayor rentabilidad". La semana que viene definiremos otros fondos existentes en el mercado, que van incorporando algo de riesgo pero al mismo tiempo otorgan sobresalientes resultados. En lo que llevamos de año, la rentabilidad acumulada de los FIAMM ha sido de 5,6 y 5,9 para los FIAMM FondTesoro.