Tecnología Informática y Modelo de Mercado

Con motivo de las últimas entregas publicadas en el "Rincón" referentes a los tipos de órdenes bursátiles y a los sistemas de contratación utilizados por las bolsas españolas, algún que otro lector y habitual asistente a las sesiones del mercado, ha mostrado un cierto recelo o preocupación en relación con el sistema de contratación informático. Un temor, en principio comprensible, pero, como vamos a ver, en último término injustificado, y que proviene de una determinada percepción de la informática que sobredimensiona el papel de ésta en el proceso de contratación de los valores o, más exactamente, una percepción que atribuye a esa tecnología una cualidad que realmente no posee, como una suerte de poderes cuasi-propios que condicionan y determinan el mecanismo y los resultados de la contratación bursátil más allá "de lo debido".

Tranquilícense nuestros lectores e inversores. El sistema de contratación electrónica, llamado SIBE (Sistema de Interconexión Bursátil Español), incorpora en la programación con que está dotado aquellos principios y criterios a los que se ha decidido se someta la operativa de la contratación bursátil, principios y criterios, por demás, cuya aplicación práctica no siempre sería posible sin ese adecuado soporte informático. El SIBE, pues, permite, y se limita, a que sea una realidad el modelo de mercado al cual se ha querido que ajusten su funcionamiento las Bolsas de Valores españolas. Y tal modelo de mercado se pretende, por supuesto, que sea el más eficiente, el más competitivo, en definitiva, el que más se aproxime a ese ideal que se llama libre competencia o competencia perfecta, con el que el colectivo de inversores, y el de emisores, cubren sus respectivas necesidades y alcanzan sus correspondientes objetivos en las mejores condiciones posibles.

Pero descendiendo o regresando del mundo de la abstracción que acabamos de dejar apuntado al terreno de la realidad, de la traducción práctica de esos principios teóricos (que, lógicamente, es lo que más directamente interesa a los inversores), recordemos que, entre otras ventajas (todas ellas favorables para el inversor), el SIBE proporciona una gran liquidez en la negociación (esto es, mucha mayor posibilidad de ejecutarse las órdenes de compra y de venta), permite la contratación continua y continuada (es decir, prácticamente se puede comprar o vender en cualquier instante y a lo largo de todo el día), facilita la transparencia del mercado (los inversores pueden seguir a través de las pantallas- como las instaladas en la Bolsa de Valencia al servicio gratuito del público- las negociaciones, con sus detalles de precio, volumen, etc., conforme van teniendo lugar) y asegura una adecuada supervisión del desarrollo de la sesión (para mayor protección del inversor). El SIBE es pues el soporte técnico que permite mejorar los servicios definidos por las bolsas y no un ente autónomo que toma decisiones por sí mismo.